La batata y la patata son dos tubérculos que marcan presencia asidua en nuestras mesas desde hace mucho tiempo. Con el crecimiento de las preocupaciones relacionadas con la alimentación saludable, la batata ha ido ganando cada vez más relevancia en nuestra dieta, empezando incluso en varios casos a sustituir la patata, más tradicionalmente usada, en nuestras comidas.
Cuando se comparan las dos patatas, se pueden verificar algunas diferencias importantes en su constitución que llevaron a ese aumento del consumo de batata a lo largo de los años. Ese fenómeno, cada vez más generalizado, ocurrió (entre otros motivos) debido a una mayor concentración de fibras y a un menor índice glucémico presentes en la batata, lo que provoca una liberación de azúcar más lenta en la sangre y una mayor sensación de saciedad que hace que sintamos menos hambre.
Es común oír decir que "comer patata engorda", y esa frase tiene su fundamento en el hecho de que la patata convencional, la patata, hace aumentar la insulina y la glucosa presentes en la sangre, lo que incentiva un aumento en el almacenamiento de grasas.
Pero como la batata también es una fuente de hidratos de carbono, en caso de que optemos por su consumo, este tampoco debe ser exagerado, pues a pesar de ser considerada (entre estas dos) la más ligera y rica en fibras, el exceso de hidratos de carbono en nuestra dieta provoca un aumento de peso.

Aquí están algunos datos nutricionales acerca de ambas para facilitar una comparación:
Patata:
Calorías - 89 kcal; Hidratos - 19,2 g; Proteínas - 2,5 g; Grasas - 0,0 g; Fibras - 1,6 g; Calcio - 6 mg; Vitaminas - 4,1 mg.
Batata:
Calorías - 119 kcal; Hidratos - 28,3 g; Proteínas - 1,0 g; Grasas - 0,0 g; Fibras - 2,7 g; Calcio - 21 mg; Vitaminas - 26,5 mg.
Sea cual sea su elección, es importante recordar que el consumo de ninguna de estas patatas está prohibido, teniendo ambas su espacio en nuestra cocina, siempre de forma equilibrada y según sus necesidades alimentarias.